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Toda relación y toda empresa de dominación en la sociedad humana se establecen mediante el ejercicio de diversos factores, demográficos, económicos, políticos e ideológicos, que se refuerzan o contrarrestan, se implican, suceden y complementan mutuamente. Los conflictos sociales se crean y resuelven según la relación general de fuerzas. La violencia es el medio natural, normal y universal de producción y solución de conflictos. Toda realidad política, como su especie jurídica, consiste en la realización social de la violencia, toda historia política en su evolución. Una y otra se insertan en la relación general de fuerzas y su expresión estratégica, dentro de la totalidad histórica y social que las concreta. En política, los hombres y los pueblos no se ordenan como buenos y malos, sino como fuertes o débiles, capaces o incapaces de la violencia actual y virtual que les asegura viabilidad y supervivencia.
La política es la determinación de la condición y el comportamiento de los sujetos por medio de la violencia. Toda política es violencia actual y virtual, aunque no toda violencia es política. No hay más política, ni más derecho, ni más normas que las constituidas por la violencia. La violencia actual o efectiva es fundamento de la violencia virtual o potencial. Sin violencia no hay Estado, ni derecho, ni derechos, los derechos fundamentales no existen.
El derecho, orden político, es la determinación de la condición y el comportamiento de los sujetos por medio del monopolio de la violencia. Todo derecho es política, aunque no toda política es derecho. La violencia es “el medio específico del Estado”. “Todo poder de Estado reposa sobre la fuerza de las armas”. La anarquía y la guerra son las alternativas al orden político. La violencia no interviene, tardíamente, para ejercer, establecer o restablecer el derecho amenazado o conculcado. La violencia precede y constituye el orden y el desorden políticos, el derecho, el Estado y la guerra. La norma política y su especie jurídica resultan de la violencia actual y virtual, que condicionan el comportamiento prudente del paciente social. “La intimidación es el más poderoso medio de acción política tanto en la esfera internacional como en el interior. La guerra, como la revolución, reposa sobre la intimidación. La organización social está fundada en su mayor parte sobre el miedo. La soberanía es el derecho exclusivo de dar miedo a los demás”. En la guerra y los regímenes de alta conflictividad del fascismo y el imperialismo, el miedo se hace terror o se transforma en pánico. Su dosificación, estratégica y tácticamente adaptada, es parte importante del arte político. A partir de un grado objetivo de intensidad de las luchas sociales, el terrorismo es la forma necesaria, natural y normal de gobierno y de desgobierno. Los conflictos relativos pueden, a veces, pasarse sin él, los conflictos absolutos presentan las condiciones ideales para su producción.
La ideología es la determinación del comportamiento por medio de las ideas. La ideología dominante es la ideología de los poderes dominantes que la producen, al servicio de sus propios intereses. Derecho e ideología son conservadores, su capacidad de reacción sobre la política y la relación general de fuerzas es muy reducida. Al margen de su fin propio y específico, el derecho es también un importante vector ideológico.
Al imperialismo y el fascismo sólo les interesan las ideas en cuanto herramientas de dominación y como objetivos a destruir. Su ideología no tiene por fin la verdad, la ciencia, el conocimiento, la información, sino su destrucción o manipulación al servicio de la dominación sobre los pueblos y la desaparición de los hombres libres. Lograr que sean cada vez más tontos, es decir cada vez más débiles, es su verdadera función. Basta con observar el resultado sobre una opinión pública indefensa para darse inmediata cuenta de la temible eficacia con que la realizan.
La propaganda fascista e imperialista es formalmente irracional, lo que ideológicamente no le causa perjuicio considerable, sino más bien todo lo contrario. “La exclusión de toda violencia como medio para conseguir fines políticos, la política por medios exclusivamente pacíficos y no violentos”, son engañabobos para encubrir y reforzar ideológicamente el monopolio de la violencia. La “democracia no-violenta”, como la política sin violencia, es una simple contradicción en los términos. La democracia es violencia, como toda política.
Los idealistas hipócritas, pacifistas y no-violentos que, en el mundo de guerra y crímenes de masa en que vivimos, rechazan “toda violencia venga de donde venga” sin denunciar, en primer término y como base de toda consideración ideológica y política, la violencia, fascista e imperialista, ignoran, ocultan, aprueban, apoyan, disfrazan, reconocen y bendicen la violencia monopolista constitutiva de la política y del Estado. Son Imbéciles o farsantes y, en cualquier caso, agentes del imperialismo y el fascismo.
La nación, como antes la horda, la tribu o la ciudad, es el ámbito máximo de relativa solidaridad, de moralidad y de legalidad que la humanidad ha alcanzado. Si ya en cuanto súbditos “todos los hombres son ingratos, cambiantes, disimulados, enemigos del peligro, ávidos de ganancias” y, generalmente, egoístas, peligrosos, agresivos, falsos, mentirosos, tramposos, traicioneros, ladrones y homicidas, qué no serán cuando tienen en sus manos la capacidad de destrucción de la política internacional. El sentimiento y el comportamiento altruistas que puede encontrarse en las relaciones naturales de familia y de proximidad, están raramente presentes en la sociedad civil y completamente ausentes de las relaciones internacionales. Las personas son a veces capaces de espontánea honradez, las naciones y los Estados, nunca. La moral internacional no existe sino como instrumento ideológico de la relación general de fuerzas.
“Todos los pueblos actúan continuamente los unos contra los otros, y tienden a agrandarse a costa de sus vecinos”. “¿Qué son los grandes imperios sino bandas de malhechores en grande?”
La agresión, la guerra, la opresión, la destrucción por la violencia de los otros Estados y naciones son lo propio y la normalidad del estado de naturaleza. El estado de naturaleza en que viven naciones y Estados determina relaciones de violencia antagónica y conflicto permanente entre ellos, sin orden ni poder supranacional que las transcienda. La “comunidad internacional” no existe y no puede existir.
Buscar, atribuirse y utilizar la mayor capacidad posible de violencia actual y virtual a su alcance, disminuyendo o anulando la de los demás, tal es la norma fundamental de la política internacional, la única que sus actores conocen y practican. No es la paz, sino la guerra actual o virtual, la clave permanente del orden y el desorden establecidos, la razón suprema y la única garantía de la política y del derecho entre los Estados, que se encuentran siempre en posición o en disposición de “guerra de todos contra todos”. Belicismo y militarismo son la actitud espontánea de los Estados y pueblos dominantes. Ofensiva y defensiva son estratégica y genéticamente inseparables e interactivas, hasta confundirse en la guerra “preventiva”. El temor mutuo y la estrategia del terror impulsan, exasperan y constituyen los conflictos internacionales. El miedo es el más irreductible principio activo del imperialismo.
La guerra “se acompaña de restricciones ínfimas, apenas dignas de ser mencionadas, que se imponen bajo el nombre de derecho de gentes, pero que, de hecho, no debilitan su fuerza”. El derecho internacional, parte y producto de la política internacional, es el orden de violencia que la oposición de fuerzas políticas determina entre las naciones y los Estados, la dominación institucional de los más fuertes sobre los más débiles.
El nuevo orden o desorden internacional ha creado las condiciones para que la violencia pura y a ultranza aparezca como la única salida digna de consideración para toda potencia que se estime en condiciones para ejercerla. Milenios de civilización han llevado a todos a la primitiva y recurrente conclusión de que la única forma de solucionar los conflictos consiste en pegar fuerte y cuanto antes por su propia cuenta, y que dilaciones, transacciones y mediaciones solo llevan a perder el tiempo y a hacer el juego del adversario.
“Nos guste o no, así son las cosas”. Y así seguirán siendo en todo porvenir posible y previsible. La especie humana, la más nociva, agresiva y conflictiva que la evolución ha producido sobre la Tierra es, además, demasiado estúpida para escapar a las consecuencias estructurales de la sociedad que ha creado. En un mundo ya económica y políticamente cerrado y globalizado, la autodestrucción de la humanidad es perspectiva mucho más razonable que su conciliación.